Medidas frente a la crisis económica

Ya nadie, ni siquiera el Gobierno, discute que nos encontramos en plena crisis económica. Yo incluso me encuentro entre los que piensan que ésta arreciara de aquí a finales de año y durante todo el 2009. Buena parte de la responsabilidad la tiene el sector inmobiliario, que ha construido del orden de 800.000 viviendas cada año en los últimos ejercicios (tantas como Alemania, Gran Bretaña e Italia juntas, la inmensa mayoría de ellas como bienes de inversión, sin pretender que las habite nadie nunca), la banca y lo barato que ha estado el dinero en los últimos años, lo que ha facilitado que la gente se endeude hasta las trancas y ha estimulado aún más la construcción de viviendas, etc., etc. La pescadilla que se muerde la cola. Como todo lo que sube luego baja, el pinchazo inmobiliario ya está aquí, entre nosotros (muchos empezamos a advertir hace 3 años que esto llegaría), y no parece que nos vaya a dejar en un par de años, por lo menos.

He aquí dos documentos sobre medidas a adoptar para frenar la crisis económica. Como de costumbre, tienen punto de vista radicalmente opuestos. Uno de de la organización ATTAC, crítica con la política gubernamental. El otro es un documento gubernamental en el que se cuentan las medidas que se pretenden adoptar:

Medidas-economicas-del-gobierno

Carta-de-ATTAC-a-Zapatero

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Una respuesta a “Medidas frente a la crisis económica

  1. En el corazón del boom inmobiliario y de su desinflado hay un aspecto que me preocupa muy seriamente. La explosión del ladrillo provocó, entre otros efectos, una fuerte demanda de mano de obra que, en buena parte, cubrió el inmigrante pobre.
    La historia es la misma de siempre, la misma que pasa de una tierra a otra tierra, como dijera León Felipe. Ahora, uno de los primeros síntomas tras la caída del sueño inmobiliario es el resurgimiento del racismo dormido. Cientos de miles de puestos de trabajo directos e indirectos se han perdido y están perdiéndose. Quedan algunos inmigrantes en la construcción, por cuenta propia y ajena. Reciben el resentimiento de los autóctonos que han quedado en la calle. Se les culpa de la caída de los precios de la mano de obra en el sector y se les teme en otros sectores donde deben competir también por la supervivencia.
    Hace ya unos meses que comencé a escuchar “la culpa la tienen esos putos inmigrantes”. Es necesario un poco de tacto (o mucho), desde la política y los medios de comunicación para no abrir una brecha indeseable e injusta.

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