Nuevo Nobel de la Paz

Muchas y muy variadas han sido las reacciones al Premio Nobel de la Paz concedido recientemente a Barak Obama. En lugar de reiterar lo ya comentado en múltiples foros acerca de que es tremendamente impropio y prematuro, que no ha obtenido resultados concretos, que se está premiando más bien una intención que un logro o una trayectoria, etc., yo quisiera destacar – en completa sintonía con lo expresado por el escritor Vicente Verdú en su blog – la elegancia que muestra en todo momento el galardonado.

La elegancia anticipa el resultado, va asociada al buen tino, al éxito. Desde la Antigüedad, la alegancia ha viajado siempre asociada a la perfección, al gusto por la obra perfecta, la belleza y la verdad. ¡Cuántos científicos han rechazado los resultados de sus investigaciones por la sencilla razón de que eran feos o carecían de la estética deseada! De la misma manera que la falta de elegancia denota déficit de estilo y acierto, la tremenda elegancia y estilo de Obama nos adelanta su buen hacer y su buen tino, y hace más probable el logro de sus políticas. Es decir, el Nobel de la Paz de este año no es ni siquiera un premio a la intención más que a la realización, como se ha dicho, sino sobre todo un premio al estilo.

Esperemos, por supuesto, que esto no se quede aquí y que el premio sirva de estímulo, como él mismo ha expresado, para seguir trabajando y que lo que hasta ahora son intenciones y buenos deseos se tornen pronto en resultados concretos.

Obama Nobel Paz

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