Paro y escasa conflictividad

No se pierdan la columna que Josep Ramoneda firmó ayer en El País, titulada “Paro y escasa conflictividad”. Los últimos datos el CIS apuntan al paro como la principal fuente de preocupación de los españoles. Destaca también el rechazo a la clase política, que se ve como el tercer problema, aunque a mucha distancia del primero. Con estos mimbres, Ramoneda empieza a leer entre líneas y efectúa análisis sobre la escasa conflictividad social que la crisis económica y el inmenso desempleo están, por el momento, originando, y asegura que se debe a que están funcionando los mecanismos de protección social, aunque también se explica por las buenas dosis de individualismo, indiferencia o resignación. Incluso de cinismo, asegura, a tenor de la aparente apatía ante los numerosísimos casos de corrupción en el último año. La sanidad o la educación, tradicionales mecanismos de estabilización social, son vistos como problema por una proporción muy baja de los encuestados.

La resignación e indiferencia ante la corrupción se relaciona, según Ramoneda, con la escasa confianza que se tiene en las élites políticas, que son vistas cada vez como algo más al margen de la sociedad, como una nueva clase social que ha adquirido ciertos automatismos y se autoreproduce, funcionando autónomamente al margen de los electores. De ahí el tópico de que todos los políticos son iguales. Buena culpa de ello la tiene la consolidación del dinero como el valor ideológico dominante y supremo. Pero me preocupa esa resignación e indiferencia, ese tan manido “pero si todos son iguales, seguro que los otros también harían los mismo, son todos unos canallas…”. El ciudadano que razona de esta manera está validando los comportamientos corruptos, cegado por esa valor ideológico dominante al que antes me refería, y está dejando entrever, y esto es lo más grave, que él mismo podría hacer lo mismo si estuviera en la situación de poder. Al fin y al cabo los políticos no vienen de politicolandia.

Sin duda, también ha contribuido a que se tenga esta percepción sobre la clase política, el hecho de que sus integrantes hayan ido corriendo a socorrer a las entidades financieras provocadoras, con su comportamiento gravemente irresponsable, de esta tremenda crisis económica, antes siquiera de preocuparse por los de abajo. De que se han socializado los costes de esta terrible crisis es algo de lo que ya no hay dudas. Costes socializados, subsidiados, en forma de alta destrucción de empleo y precariedad laboral. De ahí la principal preocupación de los españoles según el CIS, con lo que se cierra el impecable análisis de Ramoneda, y por ende mi crónica del mismo.

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