Reflexiones tras #debateBosnia

Hace unas horas he regresado del coloquio-debate sobre Bosnia que El PAÍS había organizado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con la participación de los periodistas y reporteros de guerra Gervasio Sánchez, José Luis Márquez, Alberto Sotillo y Maite Rico, y la moderación de Alicia Montano, debate que ha podido seguirse por twitter con el hashtag o etiqueta #debateBosnia.

Vuelvo en general contento con lo que he visto y escuchado. Una sala al 100% de su capacidad y con gente sentada en el suelo, en los pasillos. Mucha gente joven, lo que significa que el tema sigue interesando a las nuevas generaciones y que hay mucha gente sensibilizada aún por lo ocurrido, a pesar de que hayan pasado 20 años. Y unos periodistas con una gran profesionalidad y rigor, y unos principios éticos y morales bien sólidos.

Pero también vuelvo a casa algo frustrado y sorprendido, fundamentalmente por 2 razones:

1) He estado bastantes minutos con la mano levantada al final, en el turno de preguntas del público, sin que finalmente pudiera intervenir por falta de tiempo y exceso de manos levantadas. En este sentido, critico que se empezara con retraso, y que los periodistas se extendieran en demasía en sus intervenciones, a menudo incluso algo reiterativas. Especialmente parlanchín resultó Gervasio Sánchez, quien acaparó buena parte del tiempo total de coloquio. Considero que se tendría que haber sido más estricto en el control de los tiempos de intervención, y haber facilitado una mayor participación del auditorio.

2) Fui al acto pensando que me encontraría con un repaso histórico a las entrañas de la guerra, y análisis históricos y políticos sobre lo que allí pasó. Me encontré con que el grueso del coloquio se centró en el periodismo de la guerra, en el sentido del oficio del periodista en el seno de una guerra. Sólo al final se habló también de la guerra en sí, de sus atropellos, masacres y barbarie entre las 3 facciones enfrentadas. Del vergonzoso papel de la comunidad internacional y de los cascos azules de UNPROFOR. De Solana, Mladic, Karadzic, Milosevic, etc. También de la organización institucional y política existente en la actualidad en Bosnia y el devenir del país en el marco del ingreso de Croacia en la UE el año próximo y la aceptación de Serbia como país aspirante. Ya sé que el acto lo organizaba un periódico, pero ¿cómo es que en un debate sobre la guerra de Bosnia sólo se llama a periodistas para la mesa, y a ningún historiador, diplomático o analista político? 

De la brutalidad de la guerra no voy a decir nada, pues ya está todo dicho en el post anterior y en las múltiples crónicas y reportajes contenidos en el post de Ramón Lobo que cito y vinculo expresamente.

Sí repasaré aquí algunas cosas del coloquio que me han llamado la atención. Empezaré por la afirmación de Gervasio Sánchez de que esta guerra permitió democratizar al ejército español allí desplazado como fuerza de paz. Hasta entonces, según nos ha contado Gervasio, el ejército mantenía reminiscencias de la época franquista, y no fue hasta Bosnia cuando entra por primera vez en contacto con una población civil desesperada y agonizante. Los cascos azules españoles fueron en líneas generales bien recibidos por la población musulmana de Móstar, donde se encontraban destacados. Mucho más, en comparación, que los soldades franceses, alemanes o británicos, por ejemplo, que operaban en la parte de Bosnia central y oriental, mucho más peligrosa, y en la que no podían bajarse de los carros blindados para interactuar con la población local, so riesgo de ser también tiroteados por los francotiradores serbios. Los españoles sí lo hicieron en Móstar, pudiendo charlar con la población local a la que habían de proteger. Cierto, también, que el ejército español era mucho más tierno e ingenuo que el francés, alemán o norteamericano, pues era su primera misión en el extranjero desde la restauración de la democracia.

Otro aspecto del debate se centró en el asedio de Sarajevo y el papel de los periodistas en él. Al sufrir los periodistas también el asedio, -a diferencia de otras guerras donde los reporteros van al frente, graban, y luego se retiran al hotel a descansar y elaborar sus crónicas -, se igualaban notablemente con la población local asediada. El famoso Hotel Holidays Inn de Sarajevo, donde se alojaba la prensa venida de todo el mundo, fue también bombardeado. Hay periodistas que tuvieron que dormir en sacos de dormir casi a la intemperie, en habitaciones a las que le faltaba parte de la pared, etc. El resultado de la convivencia de los periodistas con la población local, y el hecho de que compartieran  la misma sensación de asedio y de carestía de recursos, generó un sentimiento de sufrimiento compartido, que derivó en un periodismo “moralizante”, en palabras de Gervasio Sánchez y Alberto Sotillo, inédito hasta el momento por lo menos en los países occidentales. Los periodistas ponían en aquel entonces todo su empeño de hacernos llegar la barbarie, trataban de sacudirnos y remover nuestras conciencias y las de nuestros políticos, a fin de que los que tomaban las decisiones pudieran hacer algo útil que parara la guerra.

También se habló en el debate del papel del Tribunal Penal Internacional para la Ex-Yugoslavia, donde han comparecido ya más de 40 acusados. Como también de las violaciones masivas de mujeres, por las cuales sólo 18 personas fueron detenidas y, de éstas, sólo 12 finalmente juzgadas.

Se ha hablado también, y mucho, de Srebrenica, y de la pasividad de los cascos azules holandeses. Ha habido consenso entre los miembros de la mesa de que la culpa en sí no la tenían los cascos azules, sino los líderes que estaban en Bruselas, Washington, etc.

Se ha arremetido contra un tipo de periodismo sensacionalista que se recrea en las desgracias ajenas y no tiene escrúpulos con tal de conseguir una exclusiva, reiterándose la necesidad de combatir este tipo de periodismo y actuar en todo momento con el máximo rigor y profesionalidad.

Se ha criticado duramente a los líderes de la ONU, la UE, y la OTAN, que sin duda pudieron hacer mucho más de lo que hicieron. Simplemente, la comunidad internacional no tenía el menor interés en Bosnia.

Y finalmente, con respecto al futuro que tiene Bosnia ante sí, se ha discutido sobre la tremenda desorganización que padece, lo ilógica de su composición institucional, la corrupción que campa a sus anchas, etc. La UE no debería seguir financiando a Bosnia, a menos que ésta acepte una profunda recomposición y reestructuración institucional. Actualmente su estructura como país es totalmente ilógica, y la UE está asentada sobre el principio de los estados-nación, de modo que o Bosnia cambia y evoluciona, o tendrá cada vez más difícil un remoto ingreso en la Unión. El año que viene entra Croacia en la UE, y Serbia ha sido admitida como país aspirante. En el futuro, cuando Serbia esté en la UE, Bosnia Herzegovina estará emparedada entre 2 países que estarán en la UE, con lo que tendrá que espabilar y aprender de sus vecinos. De lo contrario, se le multiplicarán los problemas, pues ya Serbia estará ocupada en sus asuntos en la UE y no financiará sine die a los serbios de la república Srpska, como hace ahora y desde hace años.

Finalizo el post con el motivo por el que levanté la mano para intervenir en el turno de preguntas. En primer lugar, quería repasar la toma de Gorazde, de la que se habla mucho menos que de Srebrenica. El modo en que los paramilitares serbios se mofaron de UNPROFOR y de la comunidad internacional clama al cielo y me llena de indignación. Me hubiera gustado preguntarles a los miembros de la mesa si no creían que la masacre perpetrada en Gorazde tal vez fuera  una operación calculada por los serbios para medir la reacción de las potencias occidentales y las fuerzas de paz de la ONU. Una especie de termómetro para valorar hasta dónde podían llegar; dicho con todas las letras, hasta dónde Occidente les dejaba llegar en su barbarie. Una antesala, en suma, a lo que luego sucedería en Srebrenica. Y la segunda cuestión que me hubiera gustado preguntarles, en relación a Srebrenica y a raíz de las críticas realizadas a los mandatarios occidentales para descargar de responsabilidad a los cascos azules que estaban en el terreno, es si no pensaban que éstos, y especialmente su jefe Philippe Morillon, habían tenido también una gran responsabilidad al dejar el enclave e incumplir el mandato de la ONU de proteger a la población civil. El encuentro de P. Morillon con Mladic y el brindis con rakija lo dice todo. Para mi es la imagen de la vergüenza.

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