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Srebrenica 1995, Siria 2012. ¿Hemos aprendido algo?

Un día después de que el mediador de las Naciones Unidas en el conflicto sirio, Kofin Annan, admitiera el fracaso de su plan de paz y presentara su dimisión del cargo, se ha reunido (ayer viernes) la Asamblea General de la ONU para aprobar una tibia resolución de denuncia de la represión protagonizada por el régimen de El Asad en Siria. Decimos tibia porque la resolución elimina de su texto, fruto de las presiones de Rusia y China, la exigencia de que El Asad abandone el poder.

En defensa de la Asamblea General, cabe reconocer, en cambio, que trató en su reunión de ayer de presionar al Consejo de Seguridad, instándolo a que supere la parálisis en que lo tiene sumido el veto de China y Rusia a condenar al Gobierno de El Asad. Cabe recordar que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es el único órgano capaz de imponer sanciones y abrir la vía a una misión armada de la Alianza Atlántica.

A todo esto, han tenido que transcurrir 16 larguísimos meses de sangriento conflicto y contarse unos 20.000 fallecidos (según los rebeldes), pero sobre todo ha tenido que renunciar expresamente Kofi Annan a su papel de mediador y abandonarse su plan de paz, para que el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, haya dado un paso al frente con una de sus declaraciones más rotundas hasta la fecha, la primera en la que invita a la acción: dijo que “hay indicios de crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra en la ciudad siria de Alepo en los últimos días“. Y añadió que “debemos demostrarle a la ciudadanía de Siria que aprendimos las lecciones de Srebrenica“. ¡A buenas horas!.

Para empezar, de indicios nada. Son evidencias. He aquí una fotografía distribuida por la agencia EFE hace ya bastante semanas.

Nada me gustaría más que la comunidad internacional demostrase que verdaderamente aprendió las lecciones de Srebrenica. Pero me temo que no las aprendió. Ojalá me equivoque.

Hagamos un poco de memoria con respecto a la matanza de Srebrenica. Muy recomendables esta tribuna de Ángel Santa Cruz y este reportaje de El País, ambos texto de finales de los noventa. Para una comprensión profunda, no sólo de lo que pasó en Srebrenica, sino de la Guerra de Bosnia en su conjunto, resultan imprescindibles las crónicas que Ramón Lobo escribió para El País en los 7 viajes que realizó entre 1993 y 1995 para cubrir el conflicto. Están todas ellas reunidas en este post de su blog. En julio de 2005, diez años después de la matanza, Ramón regresó a Srebrenica y escribió este reportaje. Muy recomendable también este otro texto suyo, de 2010. Fundamental, también, por supuesto, el demoledor informe sobre la caída de Srebrenica publicado por Naciones Unidas en noviembre de 1999, donde trata depurar responsabilidades y extraer lecciones para el futuro. El informe es largo (126 páginas) y complejo, pero al menos debe repasarse el epígrafe final de “Lecciones para el futuro”. Contiene 9 párrafos, que trataré de resumir a continuación (la negrita es mía):

  1. Las operaciones de mantenimiento de paz que se utilicen como sustituto de un consenso político probablemente fracasarán. El mantenimiento de la paz y la guerra son actividades diferentes que deben mantenerse separadas. Nunca más se deberán desplegar fuerzas de paz en situaciones en las que no se haya concertado una cesación del fuego o un acuerdo de paz.
  2. Las zonas protegidas y zonas seguras sólo tienen sentido si las partes beligerantes están de acuerdo en proteger a la población civil y decretan un alto el fuego en esas zonas. Imponerlas desde el exterior cuando las partes beligerantes no las reconocen y continúan con la guerra, no tiene sentido, y menos aún pretender protegerlas con fuerzas de paz en lugar de con una fuerza militar disuasiva digna de crédito.
  3. La falta de una comprensión verdaderamente profunda de los objetivos bélicos serbios, tuvo consecuencias en los planos político y militar, y condujo a la ONU a una política de apaciguamiento.
  4. A pesar de que la responsabilidad principal por lo ocurrido corresponde a los que perpetraron la masacre, la comunidad internacional en su conjunto, el Consejo de Seguridad, la Secretaría de Naciones Unidas y la misión en el terreno tuvieron también su parte de responsabilidad debido a su parálisis inicial y demora en el uso de la fuerza.
  5. La lección fundamental es que, ante cualquier intento deliberado y sistemático de aterrorizar, expulsar o asesinar a toda una población, es preciso recurrir resueltamente a todos los medios necesarios para frustrarlo y demostrar la voluntad política de aplicar las medidas que correspondan hasta su conclusión lógica. En los Balcanes ha sido necesario aprender esta lección no una, sino dos veces (Bosnia y Kosovo). No se puede tratar de concertar un arreglo negociado con un régimen sanguinario y sin escrúpulos.
  6. La experiencia de las Naciones Unidas en Bosnia ha sido una de las más difíciles y penosas de su historia. A causa de nuestros errores, nuestra falta de criterio y nuestra incapacidad para reconocer la magnitud del mal al que nos enfrentábamos, dejamos de cumplir con nuestro deber de salvar a la población de Srebrenica de la campaña serbia de asesinatos en masa. Lamentamos profundamente las oportunidades perdidas para restablecer la paz y la justicia. Lamentamos profundamente que la comunidad internacional no actuara resueltamente para poner fin al sufrimiento de Srebrenica y a una guerra que había causado tantas víctimas. Srebrenica cristalizó una verdad que las Naciones Unidas y el mundo entero comprendieron demasiado tarde: Bosnia no era sólo un conflicto militar, sino también un imperativo moral.
  7. En última instancia, el único acto de desagravio significativo y perdurable que podemos ofrecer a los ciudadanos de Bosnia y Herzegovina que depositaron su confianza en la comunidad internacional, consiste en hacer en el futuro cuanto esté a nuestro alcance para que nunca vuelvan a ocurrir tragedias como ésta. Cuando la comunidad internacional contrae solemnemente la promesa de salvaguardar y proteger a civiles inocentes de una matanza, debe estar dispuesta a respaldar su promesa con los medios necesarios.
  8. Para asegurarnos de que hemos aprendido cabalmente las lecciones de los trágicos acontecimientos descritos en este informe, insto a los Estados Miembros a que inicien un proceso de reflexión y análisis centrado en las cuestiones fundamentales que se han señalado aquí, con miras a definir claramente y mejorar la capacidad de las Naciones Unidas de responder a conflictos de distinta índole. Propongo que abordemos cuestiones tales como la disparidad entre los mandatos y los medios para cumplirlos; la inadecuación de los factores simbólicos de disuasión ante las campañas sistemáticas de violencia; la ambivalencia generalizada, en las Naciones Unidas, con respecto al uso de la fuerza para establecer la paz; la cuestión de una ideología institucional de imparcialidad aún en los casos de intento de genocidio y toda una serie de cuestiones doctrinarias e institucionales que afectan profundamente la capacidad de las Naciones Unidas de mantener la paz y ayudar a proteger a las poblaciones civiles en los conflictos armados. La Secretaría está dispuesta a participar en ese proceso.
  9. En el presente informe se describe en detalle, de manera meticulosa, sistemática, exhaustiva y, en última instancia, desgarradora, el descenso de Srebrenica a un abismo de horror sin paralelo en la historia de Europa desde la segunda guerra mundial. Insto a todos a que lo examinen atentamente. Los hombres acusados de este crimen de lesa humanidad nos han recordado a todos, y en particular a las Naciones Unidas, que el mal existe. Nos han enseñado también que el compromiso contraído por las Naciones Unidas de poner fin a los conflictos en el mundo no excluye los juicios morales; al contrario, los exige.

Mucho me temo que ni la Asamblea General de las Naciones Unidas, ni la Secretaría, ni el Consejo de Seguridad, ni los Estados Miembros, ni la opinión pública, hemos aprendido las lecciones de Srebrenica y en general de la guerra de Bosnia. Y ya sabemos que cuando no se aprenden o no se quieren aprender las lecciones de la Historia, ésta acaba por repetirse.

Así que por favor, ¡ACTÚEN YA! ¿A qué están esperando?

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Reflexiones tras #debateBosnia

Hace unas horas he regresado del coloquio-debate sobre Bosnia que El PAÍS había organizado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con la participación de los periodistas y reporteros de guerra Gervasio Sánchez, José Luis Márquez, Alberto Sotillo y Maite Rico, y la moderación de Alicia Montano, debate que ha podido seguirse por twitter con el hashtag o etiqueta #debateBosnia.

Vuelvo en general contento con lo que he visto y escuchado. Una sala al 100% de su capacidad y con gente sentada en el suelo, en los pasillos. Mucha gente joven, lo que significa que el tema sigue interesando a las nuevas generaciones y que hay mucha gente sensibilizada aún por lo ocurrido, a pesar de que hayan pasado 20 años. Y unos periodistas con una gran profesionalidad y rigor, y unos principios éticos y morales bien sólidos.

Pero también vuelvo a casa algo frustrado y sorprendido, fundamentalmente por 2 razones:

1) He estado bastantes minutos con la mano levantada al final, en el turno de preguntas del público, sin que finalmente pudiera intervenir por falta de tiempo y exceso de manos levantadas. En este sentido, critico que se empezara con retraso, y que los periodistas se extendieran en demasía en sus intervenciones, a menudo incluso algo reiterativas. Especialmente parlanchín resultó Gervasio Sánchez, quien acaparó buena parte del tiempo total de coloquio. Considero que se tendría que haber sido más estricto en el control de los tiempos de intervención, y haber facilitado una mayor participación del auditorio.

2) Fui al acto pensando que me encontraría con un repaso histórico a las entrañas de la guerra, y análisis históricos y políticos sobre lo que allí pasó. Me encontré con que el grueso del coloquio se centró en el periodismo de la guerra, en el sentido del oficio del periodista en el seno de una guerra. Sólo al final se habló también de la guerra en sí, de sus atropellos, masacres y barbarie entre las 3 facciones enfrentadas. Del vergonzoso papel de la comunidad internacional y de los cascos azules de UNPROFOR. De Solana, Mladic, Karadzic, Milosevic, etc. También de la organización institucional y política existente en la actualidad en Bosnia y el devenir del país en el marco del ingreso de Croacia en la UE el año próximo y la aceptación de Serbia como país aspirante. Ya sé que el acto lo organizaba un periódico, pero ¿cómo es que en un debate sobre la guerra de Bosnia sólo se llama a periodistas para la mesa, y a ningún historiador, diplomático o analista político? 

De la brutalidad de la guerra no voy a decir nada, pues ya está todo dicho en el post anterior y en las múltiples crónicas y reportajes contenidos en el post de Ramón Lobo que cito y vinculo expresamente.

Sí repasaré aquí algunas cosas del coloquio que me han llamado la atención. Empezaré por la afirmación de Gervasio Sánchez de que esta guerra permitió democratizar al ejército español allí desplazado como fuerza de paz. Hasta entonces, según nos ha contado Gervasio, el ejército mantenía reminiscencias de la época franquista, y no fue hasta Bosnia cuando entra por primera vez en contacto con una población civil desesperada y agonizante. Los cascos azules españoles fueron en líneas generales bien recibidos por la población musulmana de Móstar, donde se encontraban destacados. Mucho más, en comparación, que los soldades franceses, alemanes o británicos, por ejemplo, que operaban en la parte de Bosnia central y oriental, mucho más peligrosa, y en la que no podían bajarse de los carros blindados para interactuar con la población local, so riesgo de ser también tiroteados por los francotiradores serbios. Los españoles sí lo hicieron en Móstar, pudiendo charlar con la población local a la que habían de proteger. Cierto, también, que el ejército español era mucho más tierno e ingenuo que el francés, alemán o norteamericano, pues era su primera misión en el extranjero desde la restauración de la democracia.

Otro aspecto del debate se centró en el asedio de Sarajevo y el papel de los periodistas en él. Al sufrir los periodistas también el asedio, -a diferencia de otras guerras donde los reporteros van al frente, graban, y luego se retiran al hotel a descansar y elaborar sus crónicas -, se igualaban notablemente con la población local asediada. El famoso Hotel Holidays Inn de Sarajevo, donde se alojaba la prensa venida de todo el mundo, fue también bombardeado. Hay periodistas que tuvieron que dormir en sacos de dormir casi a la intemperie, en habitaciones a las que le faltaba parte de la pared, etc. El resultado de la convivencia de los periodistas con la población local, y el hecho de que compartieran  la misma sensación de asedio y de carestía de recursos, generó un sentimiento de sufrimiento compartido, que derivó en un periodismo “moralizante”, en palabras de Gervasio Sánchez y Alberto Sotillo, inédito hasta el momento por lo menos en los países occidentales. Los periodistas ponían en aquel entonces todo su empeño de hacernos llegar la barbarie, trataban de sacudirnos y remover nuestras conciencias y las de nuestros políticos, a fin de que los que tomaban las decisiones pudieran hacer algo útil que parara la guerra.

También se habló en el debate del papel del Tribunal Penal Internacional para la Ex-Yugoslavia, donde han comparecido ya más de 40 acusados. Como también de las violaciones masivas de mujeres, por las cuales sólo 18 personas fueron detenidas y, de éstas, sólo 12 finalmente juzgadas.

Se ha hablado también, y mucho, de Srebrenica, y de la pasividad de los cascos azules holandeses. Ha habido consenso entre los miembros de la mesa de que la culpa en sí no la tenían los cascos azules, sino los líderes que estaban en Bruselas, Washington, etc.

Se ha arremetido contra un tipo de periodismo sensacionalista que se recrea en las desgracias ajenas y no tiene escrúpulos con tal de conseguir una exclusiva, reiterándose la necesidad de combatir este tipo de periodismo y actuar en todo momento con el máximo rigor y profesionalidad.

Se ha criticado duramente a los líderes de la ONU, la UE, y la OTAN, que sin duda pudieron hacer mucho más de lo que hicieron. Simplemente, la comunidad internacional no tenía el menor interés en Bosnia.

Y finalmente, con respecto al futuro que tiene Bosnia ante sí, se ha discutido sobre la tremenda desorganización que padece, lo ilógica de su composición institucional, la corrupción que campa a sus anchas, etc. La UE no debería seguir financiando a Bosnia, a menos que ésta acepte una profunda recomposición y reestructuración institucional. Actualmente su estructura como país es totalmente ilógica, y la UE está asentada sobre el principio de los estados-nación, de modo que o Bosnia cambia y evoluciona, o tendrá cada vez más difícil un remoto ingreso en la Unión. El año que viene entra Croacia en la UE, y Serbia ha sido admitida como país aspirante. En el futuro, cuando Serbia esté en la UE, Bosnia Herzegovina estará emparedada entre 2 países que estarán en la UE, con lo que tendrá que espabilar y aprender de sus vecinos. De lo contrario, se le multiplicarán los problemas, pues ya Serbia estará ocupada en sus asuntos en la UE y no financiará sine die a los serbios de la república Srpska, como hace ahora y desde hace años.

Finalizo el post con el motivo por el que levanté la mano para intervenir en el turno de preguntas. En primer lugar, quería repasar la toma de Gorazde, de la que se habla mucho menos que de Srebrenica. El modo en que los paramilitares serbios se mofaron de UNPROFOR y de la comunidad internacional clama al cielo y me llena de indignación. Me hubiera gustado preguntarles a los miembros de la mesa si no creían que la masacre perpetrada en Gorazde tal vez fuera  una operación calculada por los serbios para medir la reacción de las potencias occidentales y las fuerzas de paz de la ONU. Una especie de termómetro para valorar hasta dónde podían llegar; dicho con todas las letras, hasta dónde Occidente les dejaba llegar en su barbarie. Una antesala, en suma, a lo que luego sucedería en Srebrenica. Y la segunda cuestión que me hubiera gustado preguntarles, en relación a Srebrenica y a raíz de las críticas realizadas a los mandatarios occidentales para descargar de responsabilidad a los cascos azules que estaban en el terreno, es si no pensaban que éstos, y especialmente su jefe Philippe Morillon, habían tenido también una gran responsabilidad al dejar el enclave e incumplir el mandato de la ONU de proteger a la población civil. El encuentro de P. Morillon con Mladic y el brindis con rakija lo dice todo. Para mi es la imagen de la vergüenza.

Bosnia, 20 años después

La semana pasada (Semana Santa en España) se cumplían 20 años del inicio de la terrible y dolorísima Guerra de Bosnia, que supuso el mayor genocidio perpetrado en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. En los más de 3 años que duró el conflicto, aproximadamente 1,8 millones de personas resultaron desplazadas, más de 100.000 resultaron asesinadas (de ellas, 11.541 en los 44 meses de asedio a Sarajevo), siendo la inmensa mayoría de ellas civiles.

El pasado 6 de abril, día de inicio del asedio en el año 1992, se realizaba en Sarajevo un emotivo homenaje de reconocimiento a las víctimas: sillas rojas vacías, una por cada una de las 11.541 víctimas mortales del asedio, con una flor descansando en cada una de ellas, y dispuestas todas en una fila kilométrica a lo largo de la avenida principal de la ciudad.

El homenaje contó con la participación de Vedran Smailović, el famoso “violonchelista de Sarajevo”, que durante el asedio tocaba en las calles y funerales, a modo de protesta contra la violencia. Había abandonado Sarajevo en 1993 y nunca más había vuelto a tocar en la ciudad, hasta la semana pasada en el homenaje.

Este conflicto, en el corazón de Europa, me impactó extraordinariamente durante mi adolescencia, así como también el genocidio ruandés en la primavera-verano de 1994. Lo que se vivió en Bosnia-Herzegovina entre 1992 y 1995 fue una tremenda locura colectiva, con pueblos enteros destrozados, familias rotas y asesinatos de una crudeza inenarrable, a menudo entre vecinos e incluso entre miembros de una misma familia. Y todo ello retransmitido en directo al mundo gracias a los medios de comunicación allí desplazados. Y ante la impotencia y en muchos casos incluso inacción de la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR) desplazada al terreno para garantizar la protección de los civiles. Como europeo siento particular vergüenza por la manera en que los cascos azules de UNPROFOR miraron para otro lado en Gorazde y en Srebrenica. Volveremos a ello más adelante. La sola mención de estos lugares, particularmente el último, provoca que un escalofrío recorra mi cuerpo.

Ramón Lobo, corresponsal de guerra, periodista de El País y probablemente la persona a la que más le tengo que agradecer lo que sé en la actualidad sobre aquel conflicto, realizó 7 viajes a la zona durante la guerra y nos ilustró con extraordinarios reportajes y crónicas para hacernos llegar lo que allí ocurría. En este post de su blog, Ramón ha reunido enlaces a todos y cada uno de los reportajes que escribió en aquel sangriento trienio. Su lectura es indispensable y de un grandísimo valor periodístico.

Como indispensables también los textos de Juan Goytisolo. Destaco en especial el titulado ¿Cuervos o cabras?, en el que arremete contra el cinismo de las potencias occidentales  y el papel de la prensa.

Si ya desde la adolescencia, como decía, me marcó este conflicto y en general la región de los Balcanes, qué contaros de mi paso por allí el año pasado, por primera vez en mi vida. Atravesé Bosnia en coche a mediados de marzo de 2011, entrando por el norte – Bihac, de dolorosísimo recuerdo, pues fue uno de los enclaves más cruelmente masacrados- y atravesando zonas rurales, campos, ríos y montañas, por carreteras que en muchos casos tenían que ser como las que había en España en las décadas de 1960 y 1970. Recuerdo los cementerios improvisados en los que en su día imagino fueron campos de cultivo, a veces incluso colgados de los mismísimos barrancos, cunetas y taludes. Estaban absolutamente por doquier a cada llegada a una nueva localidad.

Atravesamos de este modo medio país hasta llegar a la histórica, extraordinaria y tremendamente emocionante Sarajevo. Me enganchó por completo en las primeras horas. Desde entonces y por siempre, tal y como reza la canción de Halid Beslic: Sarajevo grade moj (Sarajevo, mí ciudad).

También por aquellas fechas de marzo de 2011, a medida que tiraba más y más del hilo y más leía sobre la ciudad, llegó a mi esta fabulosa canción (Miss Sarajevo), la cual no conocía hasta entonces. Fue escrita por U2 a mediados de la década de 1990 en apoyo a los civiles asediados de Sarajevo, que trataban de recuperar la normalidad e incluso organizaban un concurso de belleza. Viendo el vídeo, me vino el nítido recuerdo de aquellas modelos sosteniendo la pancarta con el lema “Don’t let them kill us”, que dio la vuelta al mundo en los telediarios de 1993. Tendría yo 13 o 14 años, pero lo recuerdo perfectamente.

Una nota medio histórica, medio chistosa: a pesar de que el asedio a Sarajevo formalmente terminó en 1995 con el fin de la guerra, los habitantes de la ciudad lo sitúan “funcionalmente” el 23 de septiembre de 1997, cuando U2 tocó en el Kosevo Stadium de la ciudad con su gira mundial PopMart Tour ante decenas de miles de personas de las 3 etnias antes enfrentadas. El concierto supuso un antes y un después en la ciudad. Fue a partir de ese momento cuando Sarajevo recuperó su “normalidad”.

A mediados de abril de 2011, apenas 4 semanas después de mi primera visita, volví a Sarajevo. En esta ocasión el viaje alcanzó también Móstar, en la parte de Herzegovina. Donde el famoso Puente Viejo (que le da nombre a la ciudad, pues puente viejo es stari most) destruido por la artillería croata en noviembre de 1993, y que databa nada menos que de 1566. Posteriormente fue reconstruido durante casi una década, gracias al impulso de la UNESCO, inaugurándose de nuevo el 23 de julio de 2004. Hoy día, es un símbolo muy importante de la reconstrucción de Bosnia Herzegovina.

La mención a la artillería croata no es un error, pues la guerra no fue solo de paramilitares serbios (chetniks) contra musulmanes (bosniacos), sino también de croatas contra bosnios en la parte occidental del país, e incluso de musulmanes entre sí en la zona de Bihac, al noroeste del país, pues había grupos de musulmanes no leales al gobierno de Sarajevo y que lucharon junto con las milicias croatas. Es complejo y largo de explicar aquí, pero puede accederse fácilmente a toda esta información en los reportajes contenidos en el citado post de Ramón Lobo.

En cualquier caso, los mayores agresores fueron los paramilitares serbios de Bosnia (si bien las fuerzas croatas parecían en ocasiones rivalizar con ellos en la barbarie), cuya superioridad militar frente a los musulmanes era tan descomunal que la guerra resultó tremendamente asimétrica, dolorosa e injusta. Todas las guerras son injustas y dolorosas, por supuesto, pero en esta como en ninguna otra la población civil fue su principal víctima, llegándose a situaciones como la del bombardeo, por parte de fuerzas serbias, del hospital de Gorazde, donde se refugiaban cientos de heridos bosnios. Bombardeo realizado, para colmo, poco después de firmar un alto al fuego. O la masacre de Srebrenica, perpetrada en las mismas barbas de los soldados holandeses de UNPROFOR, donde murieron 8.000 musulmanes en 1 semana, el mayor genocidio en Europa desde la 2º Guerra Mundial. Los paramilitares serbios daban la impresión -y casi siempre lo lograban- de que pretendían jugar y torear a los países occidentales que integraban la fuerza de paz de UNPROFOR, tal era la absoluta desfachatez con la que actuaban.

Esta fuerza de paz no fue capaz en ningún momento de interponerse entre los bandos enfrentados. El gran error de la ONU es que creyó que podría imponer la paz a golpe de resolución y de la labor diplomática, como cuando en la primavera de 1993 estableció los 6 enclaves “protegidos” de Bihac, Tuzla, Zepa, Srebrenica, Gorazde y Sarajevo, y fijaba una zona de seguridad a su alrededor. Lo bueno de estas declaraciones es que sirven para demostrar lo que se sabía. La ONU no podrá decir que no lo sabía. Lo tienen por escrito.

En realidad, los cascos azules de la ONU no estaban preparados para la guerra, nunca lo estuvieron. Sólo hubieran podido gestionar la paz y limar tensiones en caso de acuerdo y alto al fuego decretado por los bandos enfrentados. Nunca fueron una fuerza de combate. Aún así, esto no les disculpa de lo que hicieron, pues en Srebrenica directamente incumplieron el mandato que tenían de Naciones Unidas, al abandonar el enclave dejando a miles de civiles a su suerte. Lo que allí pasó entre el 12 y el 19 de julio de 1993 está perfectamente documentado por la misma Naciones Unidas y el Tribunal Internacional Penal para la Ex-Yugoslavia. El ya referido periodista Ramón Lobo estuvo allí en el verano de 2005, cuando se cumplían 10 años de la tragedia. Así lo cuenta en un post. Los cascos azules holandeses se retiraban a la cercana Potocari, y una muchedumbre de civiles indefensos enloquecía presa del pánico. En los días siguientes, los soldados holandeses danzaban borrachos y contentos en Zagreb, a casi 300 kilómetros, felices como estaban por su “hazaña” de sobrevivir a un no combate. Mientras tanto, en apenas 1 semana, algo más de 8.000 varones musulmanes entre 17 y 60 años morían a machetazos o de un tiro en la nuca. El siguiente vídeo lo explica todo. Es vergonzoso. Lamentable la escena del brindis con rakija (aguardiante muy popular en los Balcanes) entre Ratko Mladic y el francés Phillipe Morillon, jefe de los cascos azules destacados en Bosnia.

En verano de 2010, Ramón Lobo volvió a escribir un excelente post en el que repasa de manera exhaustiva los hechos. Incluye enlaces a un extenso documental de la BBC (más de 1 hora de duración, troceado en 9 vídeos de 8-10 minutos cada uno). Es largo, pero es fundamental para comprender lo ocurrido. Un aviso: es sobrecogedor. Como también es sobrecogedor el libro Postales desde la tumba, de Emir Suljagic, un superviviente a la masacre. Lo leí el pasado invierno. Desde mi vuelta de los Balcanes ya sabéis que estoy muy sensibilizado con este tema y leo prácticamente todo lo que cae en mis manos.

Hay una amplísima literatura sobre este conflicto. Tras leer Postales desde la tumba, tengo intención de leer próximamente a Ivo Andric (1892-1975, el único premio Nobel de Literatura (en 1961) que tuvo la antigua Yugoslavia, y que nació en Bosnia. Escribió obras cumbres como Un puente sobre el Drina y Crónica de Travnik. Imprescindibles son también 2 obras maestras de Dzevad Karahasan: Sarajevo. Diario de un éxodo, y Sara y Serafina. Fundamentales para comprender lo ocurrido, según me comentan. Empezaré por Sarajevo. Diario de un éxodo. Ya sabéis que Sarajevo me llegó de una manera muy especial (Sarajevo grade moj).

Destaca también la novela de la escritora croata Slavenka Drakulic No matarían ni una mosca, traducida al castellano en 2008 por Global Rhythm. En este libro se comprende a la perfección que la locura, la barbarie, no es algo que esté innato y sea visible en cada uno de nosotros. No vamos por la calle y decimos: mira, mamá, ahí va caminando un asesino. Es, al contrario, algo que podemos desarrollar cualquiera de nosotros, tú o yo. O el ciudadano francés Meran, hace bien poco, o el noruego Breivik el verano pasado. Sólo hace falta estar en el lugar equivocado, en las circunstancias equivocadas, y envuelto en una terrible espiral de violencia y odio. La cultura, la educación, y todas las barreras mentales y psicológicas que nos queramos poner, pueden llegar a ser demasiado finas como para impedir el desarrollo de la barbarie si caemos en  unas circunstancias tremendamente adversas.

El conflicto también tuvo un notable seguimiento en el cine. Destaca sobremanera Welcome to Sarajevo (Michael Winterbottom, 1997), y, en España, Territorio Comanche (Gerardo Herrero, 1997), adaptación al cine de la novela homónima de Arturo Pérez Reverte.

Esta tarde a las 20 horas, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, se celebra un coloquio-debate sobre la Guerra de Bosnia, aprovechando los 20 años transcurridos ya desde su inicio, a cargo de los periodistas Gervasio SánchezMaite RicoJosé Luis Márquez y Alberto Sotillo, que estuvieron allí durante la guerra para ilustrarnos con sus crónicas y reportajes, y que tratarán en el coloquio de responder a interrogantes como: ¿qué futuro probable le depara a la región? ¿será posible una evolución pacífica, e integrada en la UE? ¿se siguen dando en la actualidad las circunstancias que motivaron el inicio del conflicto? ¿cómo pueden influir las inminentes elecciones presidenciales en Serbia? El debate podrá seguirse a través de twitter con el hashtag o etiqueta #debateBosnia.

Yo estaré en el coloquio en el Círculo de Bellas Artes. Allí nos veremos si queréis.